Ayer 28 de septiembre Cataluña celebraba su “homenaje” a la democracia. Pero la gente prefirió quedarse en casa y esta vez no había excusas baratas (mal tiempo, eventos deportivos, vacaciones, puentes…) Algo falla en la política cuando, en medio de la mayor crisis de sistema del capitalismo, tras toda la problemática del estatut, la campaña xenófoba de varios partidos, etc. el 40% de la población con derecho a voto no ve en el espectro político nada que le anime a dar credibilidad a alguna de las opciones.
El ciudadano siente “desafección política” dicen los periódicos y los telediarios. Pero eso es mentira, manipulan el lenguaje para que los culpables, ¡encima!, sean los ciudadanos. Si el electorado ha sido engañado, usado y manipulado por las fuerzas políticas, no es culpa de los políticos, esa es la auténtica razón de que haya un margen tan alto de abstención (aún siendo mayor que el de las pasadas elecciones). La gente que decidió no votar tomó esa decisión por la falta de ideas (innovadoras y justas para los trabajadores) para solucionar los problemas de la actualidad política. El electorado de izquierda está boquiabierto porque ha visto como sus “representantes” impulsaba medidas totalmente contrarias a los teóricos principios de sus grandes partidos. Y su pensamiento crítico pasivo (si ese 40% protestase otro gallo cantaría) les pide no votar, dando su conformidad con esa “no” respuesta. Por otro lado está la derecha adoctrinada que, al pillarles de camino el colegia electoral de la iglesia, va a votar, a pesar de que sus dirigentes nunca pensarán en su bienestar social, sino en perjudicar al diferente con sus políticas xenófobas. De todas formas, ¿cómo vamos a votar si la Sra. Rosa Díez dice: “daremos una nueva oportunidad a los catalanes para que nos voten”? ¿Acaso han pecado y ella les va a absolver? No tenemos los ciudadanos la culpa de sus errores ni de que UPyD sea la decimosexta fuerza política en Cataluña.
Esta abstención de la izquierda y la respuesta antagónica de la derecha es la que ha propiciado la victoria electoral de la derecha nacionalista catalana y nacionalista española (a pesar de haber aumentado en 4% la participación, se aprecia claramente que esos 150.000 votos más no han ido a esos partidos, sino a los de nueva creación). Por otro lado, esa masa social a-ideológica, que alterna cada cuatro años con partidos bastante ideológicamente diferenciados, ha optado por castigar al govern. Les gusta el morbo (hoy ya ha anunciado CiU que deroga el impuesto de sucesiones, así que en breve contraerá los presupuestos sanitarios o educativos públicos) sino no tiene explicación que voten esas opciones.
Además, estas elecciones son la primera consecuencia de la caída de la “socialdemocracia” en España. PSC y ERC se han pegado el batacazo, primero por la crisis económica y como consecuencia de ello por dejar de lado las políticas sociales y salvaguardar los intereses de los más ricos. También influye el que se hayan metido de lleno en embrollos autonómicos y de autodeterminación, dejando de lado las políticas sociales previas a la crisis que habrían servido para que el miedo que la ultraderecha ha metido en la sociedad catalana no hiciese mella en ella.
Es muy triste (y terrorífico) que el PP haya conseguido su mejor resultado tras la creación de un juego digno de las juventudes hitlerianas o repartiendo panfletos diciendo que Cataluña está demasiado llena. Es casi peor que el partido de Anglada (PxC) casi obtenga representación o que la derecha más independentista y populista dirigida por Joan Laporta se sitúe con 4 diputados. Todo esto se entiende por la situación económica previa a la crisis, en la cual los españoles despreciaban ciertos trabajos mal vistos (recuerda al hidalgo de “El lazarillo de Tormes” que detesta trabajar) pero que siempre han estado y estarán ahí. Cuando a los españoles les echan de sus trabajos y van a buscar las migajas del sistema, se encuentran que esas migajas ya tienen dueño y encima más sumisos y “baratos”, por lo tanto el extranjero es el enemigo que les roba los trabajos. No se dan cuenta de que los partidos que tienen esta política racial son los que promueven el neoliberalismo, que persiguen que no haya salario mínimo que valga y fomenta la inmigración porque saben que estos claudicarán antes y podrán obtener más beneficios.
Así que, por mucho que digan los dirigentes del PSOE de que estas elecciones sólo se pueden mirar desde el punto de vista catalán, todo hace presagiar que en las próximas autonómicas y municipales se verán resultados similares en la mayoría de España y en las generales, más de lo mismo.
Habrá que esconder entonces a los niños, la derecha se acerca.

